domingo, 12 de febrero de 2012

VITAMINAS PARA LA BUENA SALUD

Vitamina A

Es fundamental para la visión.  El ojo la utiliza para producir rodopsina un pigmento que refleja la luz y permite la visión durante la noche.  Es por esto que la falta de esta vitamina se manifiesta principalmente con la ceguera nocturna.  También es necesaria para la renovación de todos los tejidos del cuerpo, para favorecer el desarrollo y crecimiento del feto (por lo tanto esencial en las mujeres embarazadas), la fertilidad masculina (favorece la producción de espermatozoides), el fortalecimiento del sistema inmunológico y el crecimiento de los niños.
Se encuentra en el hígado, la zanahoria, guayaba, espinaca, acelga, berro, brócoli, pimentón rojo, lechosa, leche, mango, melón, auyama, huevo.  En general en los vegetales y frutas verdes oscuro y de colores brillantes como amarillo, naranja y rojo.

Vitamina D

Está encargada de favorecer la absorción en el intestino, la fijación en los huesos y evitar la eliminación a través de la orina del calcio que se consume de los alimentos.  Su principal fuente es la luz solar.  Todos los seres humanos producen vitamina D al exponerse al sol, mientras más clara es la piel más rápido se produce.  Por lo general las personas que viven en países tropicales no necesitan suplementos de esta vitamina, ya que con la exposición diaria a la luz solar es suficiente.
Los alimentos que la contienen son los pescados como sardinas, salmón, arenque, camarones; leche, queso y huevo.

Vitamina E

Es antioxidante.  Su función es proteger a todas las células del daño que ocasionan los radicales libres.  Los radicales libres son sustancias tóxicas; algunos se producen internamente, como desechos del organismo; otros provienen del ambiente, el humo del cigarrillo, la contaminación y ciertas sustancias presentes en los alimentos.  Los radicales libres dañan las membranas de las células del cuerpo alterando sus funciones y acelerando procesos de deterioro, entre ellos el envejecimiento.  Es por ello que la vitamina E ha sido descrita como la vitamina antienvejecimiento, la cual también es importante para el sistema inmunológico y se ha observado que protege de las enfermedades cardiovasculares.
Los aceites vegetales, el aguacate y los vegetales de color verde oscuro como brócoli y espinaca son excelentes fuentes de esta vitamina.

Vitamina K

Es la menos conocida de este grupo de vitaminas, necesaria para la coagulación de la sangre.  Gran parte de la cantidad diaria que necesitamos la producen las bacterias que están en el colon; la otra proviene de los alimentos que consumimos.
Se encuentra en los vegetales verde oscuro, en las arvejas, aceite de soya, canola y oliva.
Las personas que tienen problemas para digerir y absorber las grasas, o están tomando algún medicamento o sustancia que inhiba o reduzca la digestión de las grasas, tienen riesgo de no obtener suficientes cantidades de estas vitaminas de los alimentos.

Los excesos son siempre malos 

Las vitaminas A, D, E y K tienen la capacidad de depositarse en el hígado y tejido graso del cuepo; por lo tanto, las cantidades que se requieren son pequeñas.  Cuando son consumidas en exceso por un período prolongado (años), a través de suplementos multisvitamínicos, pueden resultar tóxicas.
El exceso de vitamina A puede producir malformaciones congénitas, abortos, recrecimiento del hígado, labios agrietados, calvicie, piel seca, dolores en los huesos y articulaciones, entre otros síntomas.
En cuanto a la vitamina D, su consumo desproporcionado genera aumento de los niveles de calcio en la sangre y en la orina, falta de apetito, náuseas, vómitos, sed, debilidad muscular, dolores en las articulaciones y desorientación. 
Entretanto, la vitamina E, tomada de igual manera, puede aumentar el riesgo de sufrir hemorragias al inhibir la coagulación y también puede generar daños celulares como si fuera un radical libre.
Sin embargo, producir toxicidad a través de los alimentos es prácticamente imposible.  Por esta razón, la sugerencia es restringir el uso de los suplementos multitamínicos a los casos en los que su médico especialista lo indique, y a tener una alimentación variada y aquilibrada que incluya de tres a cinco raciones al día de frutas y hortalizas, proteínas bajas en grasas, carbohidratos complejos (granos, cereales integrales, plátano, papa, yuca, etc.), y grasas saludables (aguacate, aceites vegetales, maní, pescados) para contar con el aporte necesario de vitaminas y minerales que su cuerpo necesita para evitar enfermedades.

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