El lupus, una afección que forma parte del grupo de las enfermedades autoinmunes, llamadas así porque las defensas del organismo (encargadas de proteger al cuerpo de infecciones agentes externos) comienzan a atacar por error a distintos órganos y sistemas al no reconocerlos como propios. En el caso del lupus, "la inmunidad actúa contra diferentes tejidos: el sistema nervioso, la piel, las articulaciones, el corazón y los riñones".
Aún se desconoce la causa específica de la patología, pero se sabe que existe una predisposición hereditaria y que, junto a ella, son necesarios algunos detonantes ambientales: exposición solar, padecimiento de algún virus, reacciones alérgicas, extrés excesivo, ingesta de ciertos medicamentos o cambios hormonales, expecialmente en los niveles de estrógenos.
Múltiples síntomas
Enrojecimiento del rostro (eritema malar), fiebre prolongada de origen desconocido y dolores articulares suelen ser las tres causas de consulta inicial más frecuentes, pero los pacientes lúpicos pueden presentar otros síntomas, entre ellos: fatiga, sensibilidad solar, problemas renales y los síndromes nefróticos y nefríticos. El primer síndrome se caracteriza por la pérdida de la albúmina a través de la orina y produce edema o hinchazón en distintas partes del cuerpo. El segundo se manifiesta a través de hipertensión arterial acompañada de sangre en la orina (hematuria).
Difícil diagnóstico
La hematología completa de un paciente lúpico revela un aumento considerable en la velocidad de sedimentación globular (valor que se eleva cuando se registran procesos inflamatorios en el organismo), anemia progresiva o aguda y reducción de los glóbulos blancos (leucopenia).
La "prueba de anticuerpos antinucleares" es positiva en más de 90% de las personas que padecen la enfermedad. En casos específicos -cuando se quiere precisar la severidad del lupus- se pueden obtener resultados cuantificados de esos anticuerpos o realizar análisis adicionales, entre ellos el complemento sérico total o fraccionado, para determinar si la afección está en su fase activa.
Mil caras
Cada paciente puede presentar combinaciones diferentes de síntomas y tener una evolución totalmente distinta.
- Discoide. Es el de menor incidencia. Afecta exclusivamente la piel, con la aparcición de una erupción recurrente que, en ocasiones, puede dejar cicatrices.
- Medicamentoso. Es producto del consumo de tratamientos prescritos para controlar otras afecciones. Desaparece una vez finalizada la administración de los fármacos.
- Eritematoso Sistémico (LES). Es el más frecuente. Aqueja a más de 70% de los pacientes y puede manifestarse en formas leves (el sistema inmunológico ataca la piel y las articulaciones) o severas (se comprometen sistemas y órganos vitales). A menudo ocurre "afectación sanguínea", que se manifiesta a través de anemia de distintos grados (incluso puede desarrollarse un tipo severo denominado anemia hemolítica). También pueden disminuir los glóbulos blancos y las plaquetas de forma considerable, aumentando, en consecuencia, la incidencia de infecciones y trastornos hemorrágicos. Los pacientes pueden sufrir trastornos del sistema nervioso central o periférico (complicación que algunos denominan neurolupus), que llegan a generar problemas cerebrales, produciendo síndrome mental orgánico, depresión, trastornos de conducta, somnolencia y convulsiones. El corazón y los plumones también pueden experimentar procesos inflamatorios, que se traducen en fuertes dolores en el pecho, desminución del flujo de aire e, incluso, taquicardia.
Contener los efectos
Si la enfermedad es leve y sólo ataca las articulaciones y la piel, se usan los antimálaricos. Cuando los síntomas se agudizan y comienzan el compromiso de órganos vitales se emplean esteroides en dosis variables de acuerdo con la gravedad del paciente y si no son suficientes para controlar la actividad de la enfermedad se utilizan los inmunosupresores, que también pueden servir para limitar el uso de esteroides.
Si bien los medicamentos para tratar el lupus son efectivos para reducir la inflamación y controlar la actividad del sistema inmunológico, sus efectos secundarios son innegables. El paciente debe, entonces, cumplir el tratamiento al pie de la letra y, al mismo tiempo, el médico debe evaluar de manera períodica la aparición o desaparición de síntomas y ajustar las dosis administradas.
Fuente: http://www.medlineplus.gob/

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