La tiroides cumple una importante tarea: producir hormonas -que circulan en la sangre- esenciales para el funcionamiento normal del cuerpo.
Situada a la altura del cuello -justo debajo de la llamada "manzana de Adán"- y con forma de mariposa, la glándula tiroide es comparada con un director de orquesta, por su compleja tarea de indicar a los órganos la velocidad y el ritmo que deben seguir los procesos metabólicos. ¿Cómo lo hace? Tomando el yodo del agua y de los alimentos para fabricar las hormonas conocidas como T3 (tiroxina) y T4 (triyodotironina), encargadas de estimular los tejidos del organismo para producir proteínas y aumentar la cantidad de oxígeno que las células utilizan.
Compendio de alteraciones
Son muchas las enfermedades de la tiroides que pueden causar sobreproducción o subproducción de sus secreciones, desórdenes responsables, a su vez, de otros problemas de salud, entre ellos, trastornos cardiovasculares, osteoporosis, infertilidad y daño importante en diferentes órganos.
Cuando hay exceso de producción de hormonas tiroideas el organismo se acelera (hipertiroidismo); cuando hay déficit se enlentece (hipotiroidismo).
La incidencia de enfermedades tiroideas, hasta cinco veces más frecuentes en mujeres -por razones genéticas- se ve favorecida por el envejecimiento, cuando la mayor producción de radicales libres provoca daño sobre las glándulas y los mecanismos de defensa.
Hipertiroidismo
Sinónimo de una glándula hiperactiva, el hipertiroidismo acelera las funciones corporales. Entre sus síntomas comunes figuran nerviosismo, pérdida de peso, aumento del apetito, palpitaciones, presión arterial alta, insomnio, temblor de manos, intolerancia al calor, confusión mental, exoftalmia (ojos saltones) y sensibilidad exacerbada a la luz.
¿Cómo se trata?
Con fármacos, yodo radiactivo o cirugía. Inicialmente se indican medicamentos que enlentecen el funcionamiento de la glándula, disminuyen la captación de yodo y la producción hormonal. Durante el tratamiento, el paciente debe estar en vigilancia médica permanente -mínimo cada tres o cuatro semanas- para ajustar la dosis y evitar que el cuadro se transforme en su contrario (hipotiroidismo).
Otros recursos utilizados son la destrucción parcial de la tiroides con yodo radiactivo (contraindicado en el embarazo) y la extirpación total o parcial de la glándula, que supone el riesgo de llevar, a la larga, a una reducción de sus funciones y requerir terapia hormonal sustitutiva de por vida.
Hipotiroidismo
En el desarrollo -generalmente gradual- del hipotiroidismo se conjugan aumento de peso, lentitud al hablar, fatiga, somnolencia, depresión, pérdida de memoria y concentración, olvido y confusión, estreñimiento e intolerancia al frío. Causado por una baja producción de hormonas tiroideas, el trastorno está vinculado con una predisposición familiar a enfermedades autoinmunes.
¿Cómo se trata?
Con fármacos sustitutivos de la hormona tiroidea. Las dosis son ajustadas en forma progresiva por el especialista hasta restablecer los valores normales en sangre. Si el paciente se compromete con la terapia y a controles semestrales o anuales, su bienestar está garantizado.
En el embarazo
Si bien una tiroides sana no ofrece problemas durante la gestación -a pesar de estar sometida a un mayor estímulo y esfuerzo- complicaciones maternas y fetales surgidas cuando la madre tiene hipotiroidismo o hipertiroidismo, que pueden afectar el curso normal del embarazo -abortos espontáneos o nacimientos prematuros- o tener consecuencias serias en el desarrollo cerebral del bebé.
Durante los primeros tres meses, el feto depende de las hormonas tiroideas de la madre (apartir de entonces, fabrica las propias). En caso de deficiencia hormonal materna, el bebé nace con hipotiroidismo congénito que, de no tratarse tempranamente, puede causar desde trastornos neuropsicológicos -con repercusiones en el futuro escolar y social del niño -hasta un tipo de retardo mental conocido como cretinismo. Hoy, para corregir esta patología congénita, en la mayoría de los países se practica un examen de rutina: la punción en el talón del recién nacido -entre las 48 y 72 horas posteriores al parto- para extraer una muestra de sangre reveladora de su función tiroidea (en caso de alteraciones se procede a un tratamiento inmediato que normaliza la condición del niño.
Toda mujer que planifique quedar embarazada -o ya lo esté- puede solicitar a su médico la prueba de funcionamiento tiroideo (TSH, T3, T4 libre y anticuerpos), especialmente durante el primer trimestre de gestación.
En consulta
Además de la medición en sangre de las hormonas TSH, T3, T4 y los anticuerpos tiroideos, el especialista puede recurrir a otros estudios:
- Ultrasonido. Es la prueba más importante para la evaluación de la glándula. Carece de radiación y se puede utilizar a cualquier edad y en embarazadas. Evalúa el tamaño de la tiroides, la presencia de nódulos y la existencia de lesiones que justifiquen una biopsia.
- Biopsia por aguja fina. Se aplica en formas nodulares y en pacientes con bocio difuso.
- Gammagrafía tiroidea. Utiliza un medio radiactivo y determina si hay o no nódulos y su naturaleza.
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