El típico inicio de un infarto de miocardio -también llamado ataque cardíaco- que, aunque no siempre sigue un patrón fijo, suele desarrollarse con sensación de ahogo, sudoración profusa, náuseas, mareos y vómitos. Privado del oxígeno por interrupción o reducción drástica del suministro de sangre (una tarea a cargo de las arterias coronarias), el músculo del corazón (miocardio) queda "asfixiado", altera su metabolismo y no bombea como debe hacerlo. Si el cuadro se prolonga, puede causar la muerte del tejido cardíaco y el consecuente ataque al corazón.
El infarto cardíaco también puede ser totalmente silente y asintómatico (frecuente en diabéticos y ancianos) o producir síntomas que suelen confundirse fácilmente con indigestión, molestias musculares y respiratorias.
Síntomas enmascarados
- Dolor en el pecho: se siente una fuerte presión en el pecho -propio de la típica angina-. El dolor, profundo y sostenido, se irradia al brazo izuierdo, al cuello, a la mandíbula y al área entre los omóplatos.
- Arritmias: no se siente dolor, pero se sufre de palpitaciones (es un cuadro más común en hombres mayores de 40 años, sedentarios y fumadores).
- Disnea de esfuerzo: se experimenta cansancio frente a actividades físicas que antes no suponían esfuerzo (por ejemplo, subir las escaleras).
- Infarto cardíaco súbito: se va a dormir tranquilo después de una copiosa cena y hacia las 3 ó 4 de la madrugada un latigazo de dolor en el pecho interrumpe el sueño.
- Muerte súbita: mientras se está manejando o comiendo -sin el mínimo aviso- sobreviene una arritmia fatal y la vida se escapa en un segundo.
En el caso de las personas diabéticas, se debe estar siempre alerta, porque en ellos el umbral del dolor es distinto y la enfermedad cardíaca no se hace sentir. Las alteraciones metabólicas y de coagulación pueden ir dañando año tras año las paredes arteriales. Hoy día los diabéticos reciben un tratamiento cardiológico especial, sobre todo las mujeres menopáusicas (la disminución de estrógenos a esa edad aumenta la posibilidad de problemas cardiovasculares).
Enemigos del corazón
El apremiante embate es provocado generalmente por la obstrucción de una de las arterias coronarias, resultado de la ateroesclerosis, una afección caracterizada por la acumulación de depósitos de grasa -llamados placas de ateroma-, ricos en colesterol, que engruesan y vuelven ásperas las paredes arteriales, facilitando en su superficie interna la formación de coágulos (al desprenderse pueden llegar a bloquear totalmente la arteria). El accidente cardíaco también puede ocurrir por una tendencia natural a formar coágulos en los vasos sanguíneos o por espasmos y cierre de las arterias coronarias.
Factores de riesgo no modificables
- Edad: al desgaste físico natural, con los años se agrega la tendencia al aumento de la presión arterial.
- Herencia: historia familiar de enfermedad coronaria, obesidad, diabetes e hipertensión.
- Sexo: el infarto de miocardio es más frecuente en hombres que en mujeres, pero después de los 50 años las estadísticas tienden a emparejarse (cuando elllas comienzan a perder la protección hormonal).
- Raza: los afroamericanos, por ejemplo tienen mayor tendencia a la hipertensión.
Factores de riesgo modificables -controlables con un estilo de vida saludable-
- Hipertensión: mientras más alta es la presión arterial, mayor es el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de infarto de miocardio.
- Grasas animales: cifras elevadas de colesterol y triglicéridos se fijan en las paredes arteriales y desencadenan el proceso de ateroesclerosis.
- Cigarrillo: la nicotina tiende a producir espasmos arteriales, arritmias y promueve la formación de colesterol.
- Obesidad o sobrepeso: favorece la hipertensión y el aumento de colesterol y glicemia.
- Vida sedentaria: disminuye la resistencia e incide en la aparición de problemas de circulación.
- Estrés: eleva la secreción de adrenalina, hormona de especial potencia que aumenta el ritmo cardíaco y la presión arterial en forma aguda o crónica.
- Exceso de alcohol: sobrepasar la medida de dos onzas (60 mililitros) por día puede producir daño al músculo cardíaco.
¿Qué hacer frente a un infarto cardíaco?
Es recomendable, darle una aspirina a quien presente los síntomas de un infarto (el ácido acetilsalicílico disocia las plaquetas). Si el aquejado colapsa y tiene paro cardíaco -el corazón deja de latir y se pierde la conciencia- un golpe seco en el pecho podría restituir su ritmo. En cualquier caso, se debe trasladar inmediatamente a la persona al servicio de emergencia de un hospital o clínica, donde recibirá los primeros auxilios. http://www.facebook.com/buenasalud.vida
Fuente: http://www.tuotromedico.com/

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